Intervención del presidente de la Xunta en la ceremonia de Entrega de las Medallas de Galicia

Santiago de Compostela, 24 de julio de 2025,

Galardonados con la Medalla de Galicia de este año 2025, Ricardo Río y Rui Moreira, muchísimas gracias por aceptar la mayor distinción que otorga Galicia,

Presidente del Parlamento,

Delegado del Gobierno,

Alcaldesa de Santiago de Compostela, nuestra anfitriona en todos los actos que se celebran en esta ciudad,

Alcaldes y presidentes de Cámara portugueses que hoy acompañan aquí hoy a los galardonados, 

Bienvenidos alcaldes y alcaldesas y concejales de muchos ayuntamientos gallegos,

Presidente de la Diputación de Pontevedra,

General jefe del mando de apoyo a la maniobra,

Embajador de España en Portugal, 

Arzobispo de Santiago de Compostela,

Conselleiros y conselleiras del Gobierno de Galicia, 

Ex presidente de la Xunta de Galicia y jefe de la oposición,

Miembros de la mesa del Parlamento, 

Presidente del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, 

Fiscal superior de Galicia, 

Presidentes y presidentas de los órganos estatutarios, 

Portavoces y parlamentarios en el Parlamento de Galicia, en el Congreso, en el Senado y en el Parlamento Europeo,

Presidente de la Real Academia Gallega,

General Jefe de la Guardia Civil,

Jefe superior de Policía de Galicia,

Miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y de las Fuerzas Armadas,

Cónsules,

Representantes de los empresarios, de los trabajadores y de las diversas asociaciones que hoy nos acompañan, 

Galardonados en ediciones anteriores con la Medalla de Galicia,

 

Restantes autoridades y representaciones,

Invitados a este acto, 

Señoras y señores:

 

"Las campanas de Compostela anuncian algo más que una fiesta litúrgica en el interior de la Catedral: anuncian una fiesta étnica que tiene por altar la tierra madre. Así da comienzo la Fiesta Mayor de Galicia, la fiesta de todos los gallegos". En este Año Castelao, en el que rendimos tributo a la vida y la obra de nuestro rianxeiro universal, creo que no existe mejor manera de entregar estas medallas que cogiendo prestado -como yo acabo de hacer- su discurso seguramente más célebre. En su Alba de Gloria, que pronunció Castelao en Buenos Aires en un día de Santiago de hace hoy 77 años, mañana, Castelao resumió a la perfección el espíritu del Día de Galicia.

Nuestra tierra interpreta desde hace décadas su identidad con una partitura propia, una partitura que combina el arraigo del autóctono con una marcada vocación universal. Y en este 2025, nuestra distinción más elevada, las Medallas de Ouro de Galicia, sirven como homenaje a esa doble condición.

Hace diez días, le entregamos la medalla de Galicia a la Princesa de Asturias, heredera del trono de España y también del título de reina de Galicia. La Corona encarna, para la mayoría de los gallegos, la continuidad histórica del país al que tantos gallegos, a lo largo de tantos siglos, sirvieron, sirven y ayudan a engrandecer.

Y hoy otorgamos esta distinción a dos alcaldes de nuestra tierra hermana, Portugal: el alcalde de Braga, Ricardo Río; y el alcalde de Oporto, Rui Moreira. Son los máximos mandatarios de las dos ciudades en las que probablemente se vean más reflejados -hay muchas, pero en estas especialmente- la inmensa mayoría de los gallegos. Porque ni gallegos ni portugueses sentimos jamás que, lo que nos separaba, fuera una barrera infranqueable, en ningún caso y en ningún momento sino más bien, como mucho, un avatar de la Historia, avalado por la geografía. Y de ahí que para nosotros nunca haya habido una frontera; como mucho lo que había era una Raya. 

Las medallas para Su Alteza Real la Princesa Leonor y para los alcaldes de Braga y de Oporto representan esa Galicia basada, respetuosa de las instituciones y de la tradición, pero con la vista siempre puesta en el mundo que nos rodea y en las incontables oportunidades que todos los días ofrece.

En esta época convulsa, en la que sobra polarización y se echa en falta cada vez más generosidad, unidad y altura de miras, Galicia emerge y tiene que seguir emergiendo como una isla de estabilidad en medio de este océano tremendo de incertidumbres. Apuntalar esta actitud serena y responsable, cuando mayor es la convulsión internacional, es una tarea que toca a todos, pero muy especialmente a los que ejercen, ejercemos responsabilidades públicas. Por cada desacuerdo que se pueda solucionar dialogando o cada interés egoísta al que se renuncie en favor del bien común, habremos acercado nuestro grano de arena para hacer, desde este rincón frente al Atlántico, una Galicia mejor, un Portugal mejor, una España mejor y un mundo mejor.

Tanto España como Portugal sufrimos en los últimos años las tempestades de la inestabilidad o del descrédito que sufre la política. Cuando las certezas y la seguridad dejan paso a escándalos o simplemente la política del regate corto que a ningún lado lleva, se crea un terreno fértil para los extremismos. Esos extremismos que prometen una Arcadia feliz en la que a los propios les pertenece todo y a los ajenos no les corresponde, no nos corresponde nada.

Quien solicita la confianza de la gente basándose en la división y en la polarización como únicos argumentos y como principales herramientas es porque sabe que nunca van a merecer la confianza de un pueblo unido, esperanzado y sabio. Yo creo que la mejor vacuna contra los extremismos es la política que apuesta por la seriedad en la gestión,  por solucionar problemas en vez de crearlos, por la busca de un propósito compartido. Esa buena política es la que encarnan, sin ninguna duda, Ricardo Rio y Rui Moreira. Ni buscan ni necesitan fracturar Braga y Porto. La división es el contrario de la fortaleza y ellos durante muchos años dirigieron ciudades fuertes, optimistas y ambiciosas.

Durante este tiempo, ambos sirvieron a sus ciudadanos y los sirvieron con lealtad, con entrega y con una gestión cuyos éxitos no necesito glosar aquí. Saltan a la vista de cualquiera visitante gallego, y somos muchos miles los que visitamos sus ciudades. Y cuando las visitamos somos testigos de primera mano de la impresionante evolución en positivo que vivieron en estos últimos años las dos ciudades.

Las gallegas y gallegos sentimos tan próximo el Norte de Portugal que, sinceramente, nos enorgullecemos cuando los visitamos y vemos esos logros que muchas veces sentimos como propios, de una tierra común. Para nosotros, Portugal y las relaciones con nuestros hermanos portugueses son y tienen que ser una prioridad constante y permanente porque es muchísimo más lo que nos une que lo que nos separa. Nos unen una lengua que se ramifica en dos, el gallego y el portugués, que nos ofrecen la posibilidad de ser bilingües de manera casi natural; para entendernos, para hablar entre nosotros nunca nos van a hacer falta pinganillos.

Galicia es miembro observador en la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa y cada vez son más los puentes que se tienden para acercarnos a la lusofonía, con las enormes ventajas que esto supone ya desde el sistema educativo. Y nos unen también unas relaciones económicas y laborales que desde hay generaciones se viven con una enorme potencia. Cientos, millares de trabajadores y empresarios y autónomos crean prosperidad cada día a un y otro lado de la raya sin, muchísimas veces, ni siquiera percibir, ser conscientes de que, en realidad, están cambiando de país. Y nos unen unas estructuras políticas que facilitan la cooperación, como la Eurorregión que tengo el honor de presidir desde hace unos meses.

El desafío que se presenta ahora ante nosotros tiene que ser qué todos estos foros de cooperación que existen se conviertan cada vez más en un marco de trabajo real, fructífero, eficaz que tenga efectos directos en la vida cotidiana y que los ciudadanos puedan percibirlos, valorarlos y desear que permanezcan y si engrandezcan.

En un mundo fracturado, gallegos y portugueses tenemos que seguir apostando por la unión. Por esa unión especial que, efectivamente, no se da, a veces no se da en absoluto y desde luego no se da con la misma intensidad, prácticamente en ninguno otro lugar de Europa. Parafraseando un dicho popular que todos conocemos, mientras cada uno va a lo suyo, nosotros tenemos que ir a lo nuestro, a lo de los dos, que es muchísimo.

Y por lo tanto es imprescindible acelerar aún más esa coordinación estratégica entre Galicia y el Norte de Portugal. Es mucho mayor la recompensa que podemos conseguir se avanzamos de la mano que si lo hacemos desde la rivalidad. Nuestros territorios esconden un enorme potencial que poco a poco iremos descubriendo aún más y que podemos, sin duda, multiplicar si somos inteligentes y leales entre nosotros. Desde Leixões hasta Ferrol, contamos con unos puertos excepcionales que son el enlace natural con muchos lugares de Europa y desde luego con América. Cada uno con sus especialidades, con sus especificidades, pero por supuesto que podemos trabajar conjuntamente. Y por eso es tan necesario avanzar en un Corredor Atlántico Ferroviario que los conecte entre ellos y que permita aprovechar las inmensas oportunidades que esa conexión y esa coordinación puede ofrecer.

También para favorecer la movilidad de pasajeros, es imprescindible percibir por parte del Gobierno de nuestro país, del Gobierno de España, el interés y entusiasmo por la conexión de Alta Velocidad entre Vigo y Porto que al menos iguale la que percibimos desde el Gobierno de Portugal. Y la treintena de kilómetros que separa Vigo del Miño es una distancia complicada pero fácilmente salvable si existe voluntad política, voluntad para vertebrar el territorio y para diluir, hacer que esa frontera sea cada vez menos frontera. Creo que es una oportunidad que no podemos, que no debemos dejar pasar. El alta velocidad y el Corredor Atlántico no pueden ser nunca palabras huecas que se plasmen año a año en declaraciones, en documentos... eso está bien, pero deben plasmarse también en avances concretos: en destinaciones presupuestarias, en ejecución de infraestructuras, que van a significar sin ninguna duda más prosperidad a ambos lados de la raya.

Y es necesario también intensificar la colaboración que ya mantenemos en infinidad de ámbitos. Hacerla mucho más presente: desde la Sanidad, la Educación, la investigación, las infraestructuras de menor calado, el tejido empresarial, las Universidades, la protección civil, la protección del medio ambiente... Son muchas las caras y posibilidades que ofrece la cooperación transfronteriza.

Y por eso la concesión de estas Medallas encaja a la perfección con estos 40 años de integración de nuestros países en la Unión Europea que hace poco tiempo habíamos celebrado en Bruselas; recuerdo que estaba Ricardo Rio presente. La filosofía es la misma: la unidad se traduce siempre en progreso. La unidad real, en progreso real y efectivo, sin ninguna duda. La transformación en estas cuatro décadas en Galicia y el Norte de Portugal, la transformación de estos 51.000 kilómetros cuadrados y 6,3 millones de personas, constituyen uno de los más evidentes casos de éxito que ofrece el Viejo Continente en estas últimas cuatro décadas.

Por eso confiamos en que el nuevo rumbo que adopte Europa siga premiando y siga impulsando el desarrollo, la cohesión y la coordinación real, sincera y leal entre territorios. Esa es la filosofía que nos hizo grandes y que nos va a permitir seguir avanzando en el, evidentemente, incierto escenario internacional. Y por eso las tendencias recentralizadoras que estamos advirtiendo y constatando en Europa no pueden limitar la enorme capacidad que tenemos los territorios para gestionar y decidir el mejor y más eficaz destino de los fondos europeos. Y la muestra es la utilización en estos últimos cuarenta corderos.

Después de mucho tiempo de espaldas, Galicia y Portugal compartimos desde hay unos cuantos años el empeño de cultivar y reforzar nuestros vínculos. Así lo demuestran muchas personas, y excepcionalmente los galardonados de hoy: Ricardo Rio y Rui Moreira. Ambos finalizan una ejemplar y admirable etapa de su vida pública y política. Ojalá, y lo digo con toda la sinceridad, solo sea un punto y sucesivo; todos saldremos ganando. Estoy seguro de que, sea cual sea su próximo destino (evidentemente es una decisión que les corresponde), seguirán teniendo muy presente el afecto y el reconocimiento que les profesamos una inmensa mayoría de gallegos.

Ricardo y Rui son miembros ya de pleno derecho del que Castelao llamó "la Santa Compaña dos Inmortaes". Son también integrantes de pleno derecho de un grupo muy selecto, reducido, grupo de los 'Bos e xenerosos', del cual Galicia siente un legítimo orgullo.

Un poco de Portugal estuvo, está y estará siempre en Galicia. Y yo confío en que un poco de Galicia esté, gracias a ellos, siempre en Portugal.

Muchísimas gracias y enhorabuena por recibir esta distinción.

Fecha de actualización: 24/07/2025